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Sinfonía de la Ca a la Tiú.



Che, esto es para vos, porque si no fuera por ti, mi elefante bebé crecería más y más rápido, y París quedaría más lejos aún. Entonces, sé que ya se me hizo tarde, otra vez, y que vas a putear un poco cuando te des cuenta. Pero también sabes que me agradan las personas que putean. Y vos lo haces tan chistosamente que inventar un insulto con vos tiene eso de la elegancia de las palabras de corrido y amitambiénmepasoque.

Yo te dije que hablaramos de literatura y me invitaste a pintar, yo creo que un día no me di cuenta y ¡Pufate!, tu sabes como funciona esto. Te adoré un tiempo, y ahora otra vez, de corrido, caminando de costado y corriendo el tren. Porque tienes eso, mi querida muchacha-niña-corazóndemaicena, que yo puedo ponerme una nariz de payaso e invitarte a un semaforo a hacer cosas de locoslindos, que tu vienes y nos reimos un poco de eso y del día del niño, de Alicia, de Jim, de los subterráneos, de que cada vez me agrada más putear en el tren y que nos perdemos porque nuestros cuerpos nacieron sin sexto sentido orientado en ubicación.

Además, tu sabes el secreto de que hay que relajar la secuencia y que NO TODOS LOS QUE TOMAN MATE SON COPADOS.Yo creo que vos, me abrazaste el alma. Y yo a veces te convido cigarrillos, hay que admitirlo, pero ya no tanto, porque el mural no nos verá más y creo que iría a pintarlo gratis, de gusto y tu vendrías.


Che, mi estrutiniata, mi payaleta, mi cosa de al lado, yo te quiero, siempre.



Gracias a Trixius que te eligió como embajadora en el planeta Tierra, para que yo te conociera y entendiera que aún queda gente rara dando vueltas por ahí. Expandiendo la epidemia con flores y globos de colores. te quiero tanto siempre en mi corazoncito.

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Lucrecia y los pasos de comedia

Escribo esto mientras Lucrecia duerme abajo del calentito motor de un Polo modelo '00. Hace ya más de un mes que hizo su aparición triunfal desde el tacho de basura. Muchas cosas pasaron en el medio. Un viaje a Santa Fe, una vecina asesina-gatos otra que los tiene recluídos en su terraza pero para 'hacer que no los escucha', otra que prometió un plan anticonceptivo y fue tragada por las vacaciones de verano. Y yo transmitiendo desde Sickcity para todo el mundo mientras veo a Jim Morisson resucitar para espiarme con cautela desde la pared. No puedo pedir más (ni un humor menos ácido).

Desde que Lucrecia apareció varios vecinos fueron adoptándola de a ratos. Cómo bien decía el zorro de 'El Principito' lo primero para domesticar a alguien es ponerle un nombre. Lo gracioso del asunto es que dos tercios de los interesados en bautizarla, eligieron nombre femenino. Todo a ojo, y a ojo de ama de casa y periodista desempleada, nada de veterinarios expertos ni siquiera principiantes.
Lógicamente, con el paso del tiempo aparecieron las dudas. Qué esas son bolas no ves? No para mi es otra cosa, porque no tiene pito. Qué si, que son bolas y es difícil saber el sexo de los gatos. Además tiene cara de gato (?). Es por eso que cansados de la duda, pero casi seguros de que el mito que habíamos creado sobre Lucrecia comenzaba a caer como el Imperio Romano, recurrimos a la veterinaria.

En un viaje cuasi eterno pero de tres cuadras, recibí más manotazos que Dempsey contra Firpo. Después me enteré que para traslados teníamos a disposición un carrier o jaula trasportadora. Oh Gracias! me hubiera sido realmente útil si lo hubiera sabido antes de salir de mi casa, pensé con el codo goteando. Bueno dejame hacerte la ficha del animalito ¿nombre? Napoleón ¿Edad? No sé, eso vengo a consultar y también si es macho o hembra...

Media hora después supimos que no tenía cara de gato, que las bolas eran en realidad los labios de la vágina (*) y que no sólo era gata y fiera, ahora era también el monoambiente de dos gatitos de 20 días. Firpo K.O. Si buscarle un lugar a Lucrecia antes era una preocupación ¿qué puta definición le daría ahora el diccionario a esta linda e inesperada sorpresa?





(*) Este espacio auspiciado por mi mente y mi teclado, quiero utilizarlo para derribar la equivocadísima noción de algunos hombres y mujeres que creen poder diferenciar a los animales por tener cara de 'nena-nene/gato-gata' AL CARAJO, no es cierto. Esa fórmula sólo se aplica a algunos seres humanos. No incluye andróginos, ni a casi todos los floggers (practicamente extintos) ni a otras modas similares que podrían venir.

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Pagate un telo... RATA

Una tarde como todas, salí a darle de comer a Lucrecia. En las primeras horas después del mediodía el Rancho se vuelve silencioso y casi desierto. Ahí es cuando suelen aparecer los pubertos fumadores de porro, que merecen un capítulo aparte, pero no el de hoy.

Las primeras horas de la tarde en el Rancho son solemnes, no hay vecinos al acecho a los que tener que saludar ni pendejitos correteando de esquina a esquina. Son los momentos preferidos de Lucrecia y míos, definitivamente. La gente que va y viene es silenciosa y anónima, dulces placeres diría Morrison. Pero una tarde todo nuestro escenario perfecto se jodió con la presencia de un viejo Falcon.

Estacionó en la esquina levantando cierta sospechosa, Lucrecia ni se mosqueó. Yo no me acuerdo porqué tuve que entrar. Esa misma semana la escena se repitió, no reconocí el Falcon hasta que pasé sin darme cuenta por al lado y ví una cabeza meciéndose delicadamente pero con ritmo constante de arriba hacia abajo. MENTIRA, pensé y seguí derechito pensando que la televisión posiblemente sea culpable de esa 'idea pija' de creer que todo gira alrededor de lo mismo. Que hasta un plato de picles y lengua a la vinagreta 'están hablando de fatos (y de faso también)'.

La última tarde pude ver al dueño del Falcon, un hombre con cara de ese tipo que fue al programa de Susana Gimenez y se hacía el macho de américa porque se curtía a dos mellizas que evidentemente habían perdido 4 o 5 ravioles camino a los estudios de Telefe. Un tipo con mucha cara de boludo -resumiendo- que vestía el uniforme de una empresa de sodas. Se metieron en el auto y estacionaron en la esquina como en las tardes anteriores. Al rato el auto se meneaba de arriba hacia abajo. Así fue que se activó mi Super Yo generador de reacciones exageradas de poco alcance, pero ésta no, esta vez me hinché las pelotas de una manera incontrolable. Me pareció mersa, irrespetuoso, incomodo y desubicado como chupete en el orto, no eran pendejos con las hormonas en plena ebullición. No daba hacer y/o dejarse hacer un pete en esa circunstancia.

Agarré un papel y un marcador, de esos indelebles. Salí, eran las 4 pasadas y el Rancho empezaba a despertarse de la siesta. Sólo garabatié el título de este posteo en mayúscula de imprenta, me acerqué con paso firme y lo pegué en el parabrisas con un golpe seco. 'La concha de tu madre', se escuchó mientras una cabeza se asomaba por la ventanilla, no pude evitar la tentación. 'Eh para tanto Cimes? Anda a apretar el sifón a otro lado, dale. Pagate un telo, dejate de joder'

Con la puteada en la boca metió segunda y salió. Yo le regalé entre carcajadas mi dedo más largo apuntando hacia el cielo, y lo mantuve firme hasta que desapareció de mi campo visual. Me senté en mi umbral, Lucrecia se acurrucó en mi falda y todo volvió a ser solemne, perfecto. Igual a todas las tardes.

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El porqué de Lucrecia

Después del 'paso a mejor vida' de Dos Caras (así nos gustaba llamarlo), el Rancho quedó sin capanga.
En algún tiempo sin nombre, los gatos se habían repartido ordenadamente las cuadras del barrio, dejando implícito que los límites de las jurisdicciones eran 'sagrados'. Hoy mantienen esa filosofía. Los gatos de la calle pueden darse algunos permisos más pero los mimados, los gatos caseros sólo pueden pasearse por las medianeras y recovecos cuándo los otros no andan patrullando. No es que se lleven mal, sólo pertenecen a rangos distintos y ellos respetan esas diferencias para ahorrarse problemas o rasguños en los lagrimales.
Los gatos más viejos integran triunviratos o duplas dentro de una misma cuadra y son un poco más tolerantes con los traviesos cachorros que se pasean por todo el barrio buscando su lugar.

En pocos meses de sólo observarlos llegué a conocerlos muy bien. Sé por donde andan, con quién se juntan y a quién le hacen el vacío... ¡hasta a quién le cagan las macetas!. Comprobé que lo que dicen de los gatos es cierto, son interesados y bastante ariscos salvo cuando tienen hambre pero entre ellos tienen códigos, eso me gusta.

Un día cualquiera terminó la acefalía, no sé que habrán pensado los otros gatos. Fue una tarde de nubes grises cuando el Rancho adoptó a su nueva dueña. Una gatita rubia con enormes ojos amarillos verdosos apareció maullándo y arañando bolsas de basura, nunca antes la había visto. Tenía el carisma de todo líder pero la panza demasiado vacía como para saberlo. En su otra vida fue perro, estoy segura, y en ésta parece que quiso cruzarse de vereda. Él le puso nombre y la domesticó, cómo en algún momento hizo conmigo. Lucrecia - ¿Por qué? - 'Porqué, tiene cara de Lucrecia'. Ni él sabía lo acertado que había sido aquel impulso.

Lucrecia, nombre femenino de origen latino, de "lucror", que significa "Aquella que gana"

Santa Lucrecia, mártir se celebra el 9 enero.

Famosos, personales históricos celebres con el nombre de Lucrecia:

  • Lucrecia Borgia, nació en Roma en el año 1480, hija del cardenal Rodrigo Borgia (luego papa Alejandro VI) . Lucrecia es considerada la mecenas italiana de las artes, inspira a numerosos artistas y escritores de la época.

Definitivamente alguien teje nuestras historias con manos cálidas y hermosos colores.

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La precuela de Lucrecia

Mi cuadra es especial. En los últimos años cambie de casa como tres o cuatro veces o lo que tardan en vencerse los contratos de alquiler. En fin. Pero ninguna fue tan especial como ésta. Me crié en la cuadra de los enfermos psiquiátricos y mentales. Comí churros y helados de una fábrica escondida que sólo tenía a algunos niños como clientes fijos. Viví cerca de una plaza, ví desaparecer la calesita del barrio por una antena de -los primeros- celulares, y crecer un muro amarillo en la puerta de mi casa. Pero esta cuadra es mucho más extraña.

La rutina te permite afilar los sentidos y aprender de oído la melodía con la que baila el mundo, todo en el más profundo anonimato.
Viniendo del norte y apurando el paso a mitad de cuadra se puede escuchar, cuándo baja el sol, a un principiante acariciando notas en un saxo pequeño. Antes, el policía de la esquina se anunció desde la terraza, con su ladrido profundo. El tipo sabe que debe callar cuándo escucha el silbido cómplice de quién lo saluda.

Entre el saxo y el ladrido me esperaba siempre un minino digno de aquel Rancho. El pelo largo, sucio y desprolijo. Un hachazo le dividía la cara; mitad negra, mitad marrón. Ni el pulso del artista más perfecto hubiera podido repetir aquella simetría. A veces se disfrazaba de gárgola de jardín y esperaba inmóvil en lo más alto de la arcada, siempre dispuesto a acercarse a recibir la caricia correspondiente al día de la fecha. Aún con lluvia se estiraba para charlar un rato, bajo la luz de la luna. Pero un día no apareció y luego ese día se multiplicó por un poco más de un mes. Las últimas veces que habíamos compartido un rato con él tenía un maullido afónico y andaba cabizbajo, por lo que no tardamos en interpretar su ausencia como un descanso merecido.

Una tarde finalmente me crucé a la dueña de la casa. Una viejecita simpática con unos enormes lentes de aumento y una pequeña pero visible joroba. Arreglaba el jazmín de su patio cuándo decidí sacarme la duda sobre aquel gato. Después de mi presentación (no suelo hablar ni saludar a vecinos, no me lo permite mi religión) sólo me acuerdo de verla irse por la esquina del norte, con su bolsa de "hacer las compras". Me enteré que era gata y no gato, y me quedé masticando una idea. Nunca la ví tocar el suelo, cómo si fuera su juego para ella, estar siempre dentro de los límites de su baranda. Después de una tormenta fuerte apareció tirada en el piso de la vereda, con apenas unos golpecitos en el costado de su cara perfecta imperfecta. Así es que ya no hay gárgola que cuide aquel jardín, ni charlas en secreto a la luz de la luna.

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